Historia del ojo

En su excelente prólogo a la edición de La sonrisa vertical, Mario Vargas Llosa da interesantes pistas de lectura para Historia del ojo, novela publicada por Georges Bataille en 1928 que se ha convertido, y creo que sin verdaderos méritos, en un clásico de la pornografía universal. A diferencia de libros como Las once mil vergas de Apollinaire, esta novela de Bataille no pretender ser una lectura placentera o excitante, pues carece de las descripciones visualmente atractivas que caracterizan al género y es, en cuanto al estilo, de una neutralidad casi árida. Como sugiere Vargas Llosa, lo que encontramos es la historia de unos niños malcriados que juegan en el fango y se masturban entre sí entregados a una fuerza que se parece al deseo, pero que se trata más bien de la pesadilla. Desprovistos de psicología, los personajes se movilizan como marionetas zarandeadas por una lógica superior que rige todas sus acciones y pensamientos. Si la novela resulta especialmente misteriosa aun hasta el día de hoy, se debe a que no fue escrita como una alegoría de los postulados eróticos y políticos que Bataille desarrollará en ensayos posteriores como Lo que entiendo por soberanía. En efecto, es inútil tratar de leer Historia del ojo como una crítica al capitalismo, pues las aventuras de Simon, Marcelle y el anónimo narrador se encuentran "más acá" de esas elucubraciones.

La primera carátula que quiero comentar es la de City Lights Publishers. Muestra lo más obvio, un ojo envuelto en una humareda, que mira fijamente con la pupila dilatada hacia un punto vacío. Las volutas de humo quizá intenten representar el carácter onírico. La presencia del ojo, aunque está cantada desde el título, se justifica por el sentido simbólico de diversos ojos que irán apareciendo en la novela: simbólicamente, ojos son los huevos que se introduce Simone en el ano (y Bataille enriquecerá la analogía entre el ojo, el ano, el huevo, el sol, etc. en otros textos), y además vemos que, en uno de los episodios más violentos, ella misma se encargará de arrancarle el ojo a un sacerdote después de obligarlo a tener sexo. Carátula eficaz, pero peca de obvia.

La edición portuguesa quiere ser demasiado inteligente. Resalta las falsas cualidades eróticas, atendiendo así los requisitos comerciales, y al mismo tiempo alude a la escena ya citada, el placer anal que obtiene Simone con los huevos. Pero lo que la traiciona es la composición "artística" de la fotografía, demasiado clásica para ser batailliana, además del escenario de la cama y el dormitorio. Que yo recuerde, estos niños tienen sexo al borde de un acantilado durante una noche de tormenta, al interior de un ropero, en el confesionario de una iglesia, en un sanatorio que parece un castillo gótico e incluso mientras viajan sobre una bicicleta, pero jamás en un dormitorio, santuario por excelencia de la pareja burguesa, el matrimonio y el erotismo entendido como instrumento de la reproducción. Nada que ver con Bataille, aunque lo parezca.

Esta es la carátula de La sonrisa vertical. Sometida a las imposiciones gráficas de pertenecer a una colección, el único detalle singular es la presencia (otra vez) del pequeño ojo en la parte superior. Pero se trata de un ojo dibujado a lápiz o a carboncillo, más estilizado que el primero y menos estridente. El otro es un ojo expresionista que trasluce cierto terror, pero si hubiera logrado lo mismo de un modo más parco sería mucho mejor. Yo no compraría la edición de Sonrisa únicamente por su carátula, pero sí porque viene con el ensayo de Vargas Llosa y con las ilustraciones de Hans Bellmer.

La edición de Penguin tiene la carátula más compleja, pero no la más atractiva en lo visual. El cuerpo femenino acurrucado en posición fetal es perfecto para definir de golpe a todos los personajes, niños sexualizados y encerrados en su mundo interior. Aquí la desnudez no pretende ser erótica sino todo lo contrario, es una condición fría, impersonal, encapsulada, y las rayas y marcas que delatan vejez contribuyen a este clima. Sin embargo, una vez más creo que esta carátula se excede y da una idea errónea, pues atribuye al personaje un esbozo de psicología, un estado de ánimo sombrío, casi depresivo, que no resulta para nada exacto. Como vimos, todos los seres del universo batailliano carecen de densidad psicológica.

Para terminar, esta es para mí la mejor carátula. No comete ningún error, pero tampoco tiene ninguna virtud. Si nos acercamos a un texto tan delicado como Historia del ojo, creo que lo más inteligente es quedarnos callados.


pd: Si quieren saber más de esta novela pueden chequear el ensayo La imaginación pornográfica de Susan Sontag, que propone una definición de pornografía literaria y dice de Historia del ojo que es "la más lograda de todas las ficciones pornográficas en prosa que he leído". Yo encontré el texto en la colección de ensayos Estilos radicales.

LUDO

6 comentarios:

Meshl dijo...

De acuerdo. La última carátula es la mejor. Bravo por el blog se ha convertido en lectura obligatoria.

Tyson dijo...

Gracias por eso. Bataille es sin duda un autor excelente y uno de los favoritos de esta página.

Aira Castañeda dijo...

Y si se fijan bien, ahí están los dos ojitos de ese que tiene por nariz una jota. Chequen que no es accidental, en ese sentido, que la curva de la jota se extienda más allá del "renglón" imaginario.

¡Saludos!

El Gordo Neurona dijo...

Prefiero coquetear con la consideración de Aira.

10 neuronas para este blog.

Anónimo dijo...

Interesante la publicación de este blog.

No coincido con eso de que los personajes de "Historia del Ojo" estén desprovistos de "una psicología". De hecho las carácterísticas de la novela parece respetar fuertemente el estilo de novela típica de aquélla época: justamente lo que el lector experimenta se vuelve más fuerte quizás porque usa un soporte o vehículo "simple, habitual, naturalizado" (de relato) para contar algo que se percibe violentador de lo normativo/incorporado/naturalizado, pero que seduce justamente por eso. La manera de contar es tan naural como en cualquier novelita rosa, y eso tiene su peso cuando "lo natural" ya no puede ser percibido como tal. No es más natural la novelita rosa, sino que sigue contenidos y normas naturalizados culturalmente, que no es lo mismo (y que no han de contener menos violencia, sólo que esta es excesivamente solapada).

Lo que el autor ofrece es una experiencia de lectura particular, que "llama" aunque no querramos confesarlo, que "pide" ser recorrida y buscada en sus partes más tremendas, nos guste declararlo o no. Ese mismo conjunto de sensaciones son intersantes y permiten profundizar en los argumentos finales del autor ("condición previa" para recuperar la profundidad de lo que plantea).

De todos modos, el espacio/tiempo de la obra no puede neutralizarse en el mero aquí/ahora general, pesa mucho la época y sociedad en la que (para la que) fue escrita. Y pesa que no hay un "único Bataille" ( quedarse en eso contradice sus aportes). Asimismo, y finalmente, no puede hacerse de esta obra un "fetiche intelectualoide".

Anónimo dijo...

Interesante la publicación de este blog.

No coincido con eso de que los personajes de "Historia del Ojo" estén desprovistos de "una psicología". De hecho las carácterísticas de la novela parece respetar fuertemente el estilo de novela típica de aquélla época: justamente lo que el lector experimenta se vuelve más fuerte quizás porque usa un soporte o vehículo "simple, habitual, naturalizado" (de relato) para contar algo que se percibe violentador de lo normativo/incorporado/naturalizado, pero que seduce justamente por eso. La manera de contar es tan naural como en cualquier novelita rosa, y eso tiene su peso cuando "lo natural" ya no puede ser percibido como tal. No es más natural la novelita rosa, sino que sigue contenidos y normas naturalizados culturalmente, que no es lo mismo (y que no han de contener menos violencia, sólo que esta es excesivamente solapada).

Lo que el autor ofrece es una experiencia de lectura particular, que "llama" aunque no querramos confesarlo, que "pide" ser recorrida y buscada en sus partes más tremendas, nos guste declararlo o no. Ese mismo conjunto de sensaciones son intersantes y permiten profundizar en los argumentos finales del autor ("condición previa" para recuperar la profundidad de lo que plantea).

De todos modos, el espacio/tiempo de la obra no puede neutralizarse en el mero aquí/ahora general, pesa mucho la época y sociedad en la que (para la que) fue escrita. Y pesa que no hay un "único Bataille" ( quedarse en eso contradice sus aportes). Asimismo, y finalmente, no puede hacerse de esta obra un "fetiche intelectualoide".