El cuaderno azul


La noche del oráculo es la penúltima novela de Paul Auster (la última es Brooklyn Follies, que si no me equivoco todavía no está traducida). El diseño del libro convierte al objeto mismo en una analogía del cuaderno azul que aparece dentro de la ficción, aludiendo así al mecanismo de cajas chinas que conecta el mundo ficticio con el real. Acabo de terminar de leerla hace un par de horas y ha pasado lo que ya esperaba. Siempre que empiezo una novela de Auster, trato de adivinar desde las primeras páginas si está presente o no esa cualidad especial, esa atmósfera entre cotidiana y desesperada que lo es todo en novelas como La música del azar y en las tres que componen La trilogía de Nueva York, y que hace de City of glass su mejor novela hasta ahora. Si me piden que explique a qué me refiero, lo más que puedo hacer es bosquejar las líneas de un tema arquetípico: un hombre común y corriente lo deja todo atrás para iniciar una nueva vida orientada por el azar. Cierto que casi todas las novelas de este autor desarrollan una variante de este tema, pero no todas poseen esa cualidad especial, así que finalmente tema y cualidad no pueden ser lo mismo. Estoy hablando de algo más; podría decir que se trata de una conjunción, de un ensamblaje perfecto entre un hombre desesperado, una ciudad laberíntica, una historia apasionante y una tradición profundamente explorada, que incluye siempre los nombres de Hawthorne, Poe, Thoreau, Hammett, etc. Pues bien; empecé Oracle night con los sentidos alertas, esperando descubrir el primer signo que me trasladara al centro del universo austeriano, y lo que descubrí fue una inteligente, pero desapasionada exposición de los elementos que conforman esa conjunción a la que me acabo de referir: el hombre, la ciudad, la historia y la tradición estaban allí, pero de un modo distinto, menos natural si se quiere, como piezas de un rompecabezas cuidadosamente armado para producir una imagen ya conocida por sus lectores. Lo más terrible es que no hay pathos; al final de la novela, un chiquillo drogadicto golpea a la esposa del narrador hasta hacerla abortar, pero la manera en que esta escena ha sido preparada por todo lo anterior me hizo desear que terminaran de matar a la mujer de una vez (y no es sadismo gratuito, lean la novela). Se puede argumentar que Auster conoce a la perfección cada recoveco de su mundo literario, que se ha paseado a oscuras por todas las calles de Brooklyn y Manhattan, y lo que ahora nos ofrece es el mapa de una travesía que concluyó en alguna novela del pasado. Para mí, se ha vuelto previsible. Oracle night es un museo de estrategias exitosas que no añade nada nuevo a la gran obra de Auster. Tampoco hay un distanciamiento, una mirada distinta que vuelva sobre el pasado con ojos críticos. Por eso creo que la penúltima novela de Auster se merece una carátula tan aburrida y previsible como resultan ser sus páginas.

LUDO

Habrá que hacer algo mientras tanto


Esta es la carátula de la primera novela de Ezio Neyra, Habrá que hacer algo mientras tanto (Solar, 2005). Quiero hacer algunos comentarios más "literarios" para luego pasar a un brevísimo análisis de la portada.

Alto, Gordo y Mediano son tres jóvenes que se cruzan un día en la cola para obtener una visa. Obviamente, el deseo que los vincula es el de salir del país; en un sentido más amplio, el rasgo común es el impulso de huir, de abandonar su realidad. La explicación de esta necesidad está dada en el primer capítulo, cuyo protagonista coral son Alto, Gordo y Mediano a la vez: quieren huir de su propia identidad, de las convenciones sociales, de las dificultades de la vida cotidiana, de la ciudad donde viven y del rol que cumplen en la sociedad. En resumen, puede decirse que son niños claramente situados en la clase media, personas "normales" escapando del mundo adulto que amenza con incorporarlos al orden del trabajo y la responsabilidad. Su proyecto es análogo a la fuga del poeta peruano César Moro, o al viaje de Horacio Oliveira en Rayuela. En este sentido, son adolescentes en busca de un autoexilio donde refugiarse del malestar de la cultura. El medio para hacerlo será la imaginación. La diferencia entre Alto, Gordo y Mediano, y otros personajes similares a ellos en la tradición literaria, es que los personajes de Neyra encaran la fuga como un proyecto colectivo, una empresa grupal.

Los tres juntos deciden construir una suerte embarcación. El problema es que en la ciudad donde viven no hay ríos ni mares donde navegar. Este primer obstáculo ridiculiza su proyecto desde la partida, y, aparentemente, lo obliga a discurrir por los cauces de la literatura fantástica. Pero estamos lejos de enfrentarnos a una trama cortazariana típica como en los cuentos de Bestiario. En el fondo, el libro es una sátira de toda empresa fantástica, como lo fue el Quijote respecto a los libros de caballerías. El tercer capítulo narra irónicamente la etapa de construcción del barco. Los ingenieros no saben nada de ingeniería, y desde ya el lector descubre que el fruto de su esfuerzo es un mamarracho sin forma ni utilidad. Sin embargo, la dedicación con que se entregan al proyecto es seria, profesional, pragmática. No hay nada de romántico ni aventurero en el proyecto, salvo su finalidad. Pero ¿de qué finalidad estamos hablando? Ni los propios ingenieros saben a dónde llegarán en su embarcación. No se han puesto a pensar en el puerto, están obsesionados por la llana necesidad de escapar. Esto no afecta su ética empresarial. Y este detalle es, para mí, lo más interesante de todo: que para describir la construcción, se recurre a la parodia del lenguaje de la empresa. Por ejemplo, los jóvenes se dedican a buscar auspiciadores dispuestos a invertir en el negocio. Hay un líder, una especie de gerente-tirano, que motiva a la fuerza laboral con arengas parecidas al conocido "sí se puede". Hay un organigrama vertical, autoritario, implacable. Todo parece cuadrar en nuestra idea de una empresa, salvo el objetivo final. El resultado tiene sorprendentes consecuencias: si esta empresa es un disparate, quizá todas lo sean. Pero no se trata de un disparate inocuo, simplemente divertido, pues es posible que los personajes mueran en el proceso. La causa de su muerte es la estructura misma del poder que ellos han creado. En el afán por implantar su dominio, por forzar a los otros a obedecer, surgirán conflictos de liderazgo que terminarán por romper el pacto social y conducirán a la barbarie. En el intento de subordinarse unos a los otros, de no quedarse atrás, la estrategia más efectiva será el asesinato de la competencia. El asunto central es el lado oscuro del poder y la gran soledad que impone a sus súbditos.

Debo decir que la carátula me gusta mucho, tanto por el diseño como por la elección de los colores. Es una imagen atrevida, sin duda alguna, y sé que algunos miembros de este blog (léase Page) tienen opiniones encontradAs. Los invito a realizar una confrontación de pareceres a través de este mismo blog. Y por supuesto, los comentaristas también están invitados a dar su punto de vista.

LUDO

Patrimonio

El libro (no me atrevo a llamarlo "novela") de Philiph Roth: Patrimonio relata la enfermedad y el último año de vida del padre de Philiph, Herman Roth, un judío de Newark que trabajó vendiendo seguros. Empieza con una parálisis facial y concluye con una intervención al cerebro. Philip estuvo muy cerca de todo el tratamiento, hasta prácticamente convertirse el "padre" de su padre. Esa traspolación es el tema central -hasta el punto en que uno de los últimos capítulos narra una intervención quirúrgica al mismo Philiph, que no es un hombre joven, y a su padre llorando por no haber podido asistir al hijo, como rendición final-.
La carátula de casi todas las ediciones muestra una fotografía en la que se ve a Hermann, de 36 años, al primer hijo Sandy, de 9, y a Philiph de 6 años, en un jardín. El trío ha formado una suerte de tótem cuya estructura depende de los hombros anchos, el rostro seguro y sobre todo los robustos brazos del padre; como la figura de un águila que protege con sus enormes alas a sus hijos. Leer la novela y contrastarla con esa fotografía -algo inevitable, uno todo el tiempo vuelve a la carátula- es una experiencia terrible.
El propio Roth interpreta esa foto en el libro. Dice: "Es agosto de 1937. Tenemos cuatro, nueve y treinta y seis años. Los tres nos empinamos para formar una V, cuya base puntiaguda son mis diminutas sandalias, mientras que la anchura de los sólidos hombros de mi padre -entre los cuales está exactamente centrada la resplandeciente carita de elfo de Sandy- conforma los dos impresionantes remates de la letra. Sí, la V de la Victoria aparece por todas partes en la foto: de la Victoria, de Vacacciones, de Verticalidad enhiesta y erguida. ¡Ahí está, el linaje masculino, intacto y feliz, ascendiendo de la cuna a la madurez. Aunar en una sola imagen la robusta solidez del hombre del retrato con la fragilidad del hombre del sofá era y no era una imposibilidad. Intentar con todas mis fuerzas mentales unir los dos padres y trocarlos en uno fue un esfuerzo desconcertante, por no decir diabólico. Y sin embargo de pronto me convencí (o logré convencerme) de que recordaba perfectamente (lo lograba convencerme de que lo recordaba) el momento mismo en que se tomó esa foto, más de medio siglo antes. Incluso pensé (o logré hacerme pensar) que nuestras vidas sólo daban la impresión de haberse filtrado a través del tiempo, pero que todo ocurría simultáneamente y que tanto me encontraba en Bradley, con mi padre cerniéndose sobre mí, como aquí en Elizabeth, con mi padre casi deshecho a mis pies"

Mal de ojo

Coincidentemente, en el suplemento "Radar Libros" de Página12 comentan el libro La historia del ojo de George Bataille, que ha sido comentado en este blog unos días antes por Ludo, anuncian que ya no se encuentra fácil en librerías y exigen su reposición. A través de la noticia, además, me entero de que existe una traducción en México hecha por la entrañable escritora mexicana Margo Glantz, que quisiera leer (debe ser genial). En fin, la carátula que coloca "Radar Libros" creo que es de la edición mexicana, de Ediciones Coyoacán, y desde luego que no es muy notable. Poner una mujer desnuda, de senos inflamados y en aparente éxtasis, es un recurso fácil para vender libros de literatura erótica. Cero sutileza. Para eso, prefiero lo que sugiere Ludo y apuntala un lector en el comentario: una carátula que privilegie solo la palabra OJO, y toda su involuntaria carga erótica visual, en medio de un fondo blanco.

TYSON

La increíble y triste historia de un libro de cuentos y sus pésimas carátulas III: Una flor

De todas las carátulas que hemos comentado en esta página a lo largo de los meses, esta es sin duda la más problemática. La miro una vez, la miro dos veces, la vuelvo a mirar y la sigo mirando. Lo único que se me ocurre es la palabra "traición". ¿Qué sucedería si todas las carátulas fueran como estas flores? Un blogger de ¡Basta de carátulas! tendría muchos problemas en un mundo semejante. Las cosas serían más sencillas, pero la gente como nosotros vagaría desempleada por las librerías, buscando algo que jamás encontrará. Una vez más, señores editores, les decimos que tienen toda nuestra confianza. Anímense, hagan la prueba. De ahora en adelante, prometemos apreciar y aplaudir su encomiable esfuerzo. Solo olvídense de las flores y todo marchará sobre ruedas entre nosotros.

LUDO

La increíble y triste historia de un libro de cuentos y sus pésimas carátulas (II): Las naranjas


En la edición de Debolsillo sí aparecen dos naranjas (además de un pajarraco volador amarrado de la pata que podría estar simbolizando a Eréndira, y tiene todo el aire caribeño-tropicalón que siempre asociamos con García Márquez). Extrañamente, parecen dos naranjas comunes y corrientes. Recordemos que en el cuento citado, los diamantes crecen naturalmente en el corazón de las naranjas como si fueran pepitas. Este detalle mágico suele impresionar mucho a los lectores de García Márquez; digamos que, al igual que la levitación del cura y la ascensión a los cielos de Remedios la bella, forma parte del mainstream realmaravilloso, esa presencia macondina superficial que todos llevamos dentro. Se nota que la intención de los editores ha sido explotar ese costado fértil con la inclusión de las naranjas, pero entonces ¿por qué escoger dos naranjas comunes y corrientes, y no dos naranjas con diamantes? La respuesta está en la imagen: si miramos más de cerca, ¿es posible que estas dos naranjas sí contengan diamantes? Nadie podría negarlo. El cuadro del título las cubre parcialmente. Quizá cada una tenga un diamante escondido. Y sin embargo, en Basta de carátulas no podemos vivir de eso.

LUDO

La increíble y triste historia de un libro de cuentos y sus pésimas carátulas (I)

En 1972, a García Márquez le publicaron el libro de cuentos con el título más largo del mundo: La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (Siete cuentos). A partir de entonces, los editores han competido arduamente para definir cuál de todas es la peor carátula que el libro ha recibido en sus treinta años de vida pública. Hay muchas candidatas fuertes.



1) Esta es la carátula de la primera edición de Barral. Confieso que no tengo mucho que decir sobre ella. Aun tomándola como un ejemplo de abstracción pictórica, me parece que es horrible (y no tengo argumentos para defender este punto). Si hacemos el intento de encontrarle algún sentido, veremos que hay tres elementos principales sobre un fondo azul-celeste: un hongo blanco, una estrella de mar que atraviesa el sombrerito del hongo con una de sus puntas, y dos bolas rojas que sirven de asiento al hongo y la estrella. ¿Podríamos decir (partiendo de la premisa de que uno de los dos, Barral o yo, es daltónico), que esas extrañas bolas rojas representan las naranjas que contienen diamantes en el cuento que da título al libro? Pero de ser así, ¿qué importa? El hongo y la estrella resultan indescifrables, a menos que tengan un valor especial en la cultura gastronómica guajira, que sean los ingredientes de una pócima mágica para el mal de amores, o que uno represente la tierra y la otra el mar (hay una dialéctica entre el mar y la tierra en todos los cuentos), todas hipótesis más difíciles de comprobar que la levitación del padre Nicanor Reyna en Cien años de soledad.

Mañana, otra carátula de este mismo libro, sobre el cual pueden consultar una nota en otro blog.

LUDO

Bove

La carátula de la novela Doctor Pasavento de Enrique Vila Matas muestra una foto en la que el escritor Emmanuel Bove aparece junto a su hija Nora. Dice Vila Matas: "Mi ejemplar de Mis amigos incluye una fotografía invernal en blanco y negro en la que se ve al Walser de la rue Waneau con corbata, abrigo negro y elegante sombrero, posando junto a su hijita Nora en la que aparece una terraza que da a un jardín. La foto es triste y, aunque no siempre, muchas veces, cuando la miro, creo ver un gran parecido entre Nora Bove y mi hija Nora Pasavento cuando ésta tenía los tres años que aparenta Nora Bove en la fotografía. Eso me conduce a una extraña desesperación. Nunca hasta ahora había sentido tanta desesperación al recordar a mi hija Nora, pero no quiero culpar de eso al pobre Bove".
Emmanuel Bove fue un escritor francés con cierto éxito en su tiempo, pero luego completamente olvidado (como su propia obra parecía provocar o predecir). Hace unas décadas, sin embargo, al igual que Robert Walser -el leitmotiv de la obra de Vila Matas- se ha activado una feliz recuperación de su obra y su prestigio.

TYSON

El viaje de Pitol

He encontrado dos carátulas de El viaje de Sergio Pitol:


De esta solo puedo decir que en el texto no aparece ninguna locomotora. Sin embargo, el tren es ilustre como medio de transporte literario y se ajusta perfectamente a la naturaleza del viaje de Pitol. Decir que se trata de una travesía "interior" es caer en el lugar común, pues el libro parte de ese supuesto para construir algo más. Aquí debemos pasar a la segunda carátula, que a mi juicio es la mejor:

El último capítulo del libro se llama "Iván, niño ruso". Pitol revive un episodio infantil, cuando otro pequeño recién llegado al pueblo le pregunta por su nombre y él responde así, que se llama Iván, niño ruso. Y es que "por intuición, presiento que mi relación íntima con Rusia se remonta a esa lejana fuente". El viaje a un país lejano, tema central del texto, es la demostración de que uno pertenece al lugar donde nació, sin duda alguna, pero que también es responsable de crear su propia patria y de compartirla con los demás (aquí el sentido de publicar un diario que nació privado). Pitol lo hace a través de la literatura, y esta casa roja vista a la distancia, una pintura de Malévich, muestra el destino del viaje: no lo desconocido sino todo lo contrario.

pd: he publicado una pequeña nota sobre la relación entre el viaje, la literatura y la política en mi blog.

LUDO.

Historia del ojo

En su excelente prólogo a la edición de La sonrisa vertical, Mario Vargas Llosa da interesantes pistas de lectura para Historia del ojo, novela publicada por Georges Bataille en 1928 que se ha convertido, y creo que sin verdaderos méritos, en un clásico de la pornografía universal. A diferencia de libros como Las once mil vergas de Apollinaire, esta novela de Bataille no pretender ser una lectura placentera o excitante, pues carece de las descripciones visualmente atractivas que caracterizan al género y es, en cuanto al estilo, de una neutralidad casi árida. Como sugiere Vargas Llosa, lo que encontramos es la historia de unos niños malcriados que juegan en el fango y se masturban entre sí entregados a una fuerza que se parece al deseo, pero que se trata más bien de la pesadilla. Desprovistos de psicología, los personajes se movilizan como marionetas zarandeadas por una lógica superior que rige todas sus acciones y pensamientos. Si la novela resulta especialmente misteriosa aun hasta el día de hoy, se debe a que no fue escrita como una alegoría de los postulados eróticos y políticos que Bataille desarrollará en ensayos posteriores como Lo que entiendo por soberanía. En efecto, es inútil tratar de leer Historia del ojo como una crítica al capitalismo, pues las aventuras de Simon, Marcelle y el anónimo narrador se encuentran "más acá" de esas elucubraciones.

La primera carátula que quiero comentar es la de City Lights Publishers. Muestra lo más obvio, un ojo envuelto en una humareda, que mira fijamente con la pupila dilatada hacia un punto vacío. Las volutas de humo quizá intenten representar el carácter onírico. La presencia del ojo, aunque está cantada desde el título, se justifica por el sentido simbólico de diversos ojos que irán apareciendo en la novela: simbólicamente, ojos son los huevos que se introduce Simone en el ano (y Bataille enriquecerá la analogía entre el ojo, el ano, el huevo, el sol, etc. en otros textos), y además vemos que, en uno de los episodios más violentos, ella misma se encargará de arrancarle el ojo a un sacerdote después de obligarlo a tener sexo. Carátula eficaz, pero peca de obvia.

La edición portuguesa quiere ser demasiado inteligente. Resalta las falsas cualidades eróticas, atendiendo así los requisitos comerciales, y al mismo tiempo alude a la escena ya citada, el placer anal que obtiene Simone con los huevos. Pero lo que la traiciona es la composición "artística" de la fotografía, demasiado clásica para ser batailliana, además del escenario de la cama y el dormitorio. Que yo recuerde, estos niños tienen sexo al borde de un acantilado durante una noche de tormenta, al interior de un ropero, en el confesionario de una iglesia, en un sanatorio que parece un castillo gótico e incluso mientras viajan sobre una bicicleta, pero jamás en un dormitorio, santuario por excelencia de la pareja burguesa, el matrimonio y el erotismo entendido como instrumento de la reproducción. Nada que ver con Bataille, aunque lo parezca.

Esta es la carátula de La sonrisa vertical. Sometida a las imposiciones gráficas de pertenecer a una colección, el único detalle singular es la presencia (otra vez) del pequeño ojo en la parte superior. Pero se trata de un ojo dibujado a lápiz o a carboncillo, más estilizado que el primero y menos estridente. El otro es un ojo expresionista que trasluce cierto terror, pero si hubiera logrado lo mismo de un modo más parco sería mucho mejor. Yo no compraría la edición de Sonrisa únicamente por su carátula, pero sí porque viene con el ensayo de Vargas Llosa y con las ilustraciones de Hans Bellmer.

La edición de Penguin tiene la carátula más compleja, pero no la más atractiva en lo visual. El cuerpo femenino acurrucado en posición fetal es perfecto para definir de golpe a todos los personajes, niños sexualizados y encerrados en su mundo interior. Aquí la desnudez no pretende ser erótica sino todo lo contrario, es una condición fría, impersonal, encapsulada, y las rayas y marcas que delatan vejez contribuyen a este clima. Sin embargo, una vez más creo que esta carátula se excede y da una idea errónea, pues atribuye al personaje un esbozo de psicología, un estado de ánimo sombrío, casi depresivo, que no resulta para nada exacto. Como vimos, todos los seres del universo batailliano carecen de densidad psicológica.

Para terminar, esta es para mí la mejor carátula. No comete ningún error, pero tampoco tiene ninguna virtud. Si nos acercamos a un texto tan delicado como Historia del ojo, creo que lo más inteligente es quedarnos callados.


pd: Si quieren saber más de esta novela pueden chequear el ensayo La imaginación pornográfica de Susan Sontag, que propone una definición de pornografía literaria y dice de Historia del ojo que es "la más lograda de todas las ficciones pornográficas en prosa que he leído". Yo encontré el texto en la colección de ensayos Estilos radicales.

LUDO

Autonomía

Algunos libros no necesitan carátula.
(JM)

Más de Cheever

"No conozco quiénes son mis lectores pero son gente maravillosa y parecen vivir vidas independientes y apartadas de los prejuicios de la publicidad, el periodismo y el irritante mundo académico. La habitación donde yo trabajo tiene una ventana que da a un bosque, y a mí me gusta imaginarme que todos ellos - estos entusiastas, adorables, misteriosos lectores -están allí, escondidos detrás de los árboles, mientras yo escribo un cuento más, un cuento menos". John Cheever.

Qué admirable manera de idealizar al lector. Los miembros de Basta de Carátulas le dicen: es que no conoces a los bloggers.

* Si quieren ver muchas carátulas del autor, vayan al excelente site dedicado a su obra narrativa.

LUDO

Hombre lento

Mañana empezará a venderse en España la traducción al castellano de Slowman, la nueva novela del Nóbel suidafricano JM Coetzee. El título ha sido traducido literalmente -Hombre lento- y su carátula presenta un curioso lengüetazo (?) entre un anciano y un perro. No sé de la novela más que lo que la contratapa dice: "Paul Rayment sufre un accidente de bicicleta y han de amputarle una pierna. Bajo la superficie de un planteamiento prosaico -cómo cambia la vida de un hombre a consecuencia de un percance físico- fluye una profunda y cautivadora meditación sobre la vejez, la humillación y la soledad, que Coetzee aborda con la originalidad, la maestría y la agudeza habituales de sus inquietantes y lúcidas novelas". Sin embargo, eso es suficiente para descubrir lo acertada que es la carátula de la edición norteamericana; y para rabiar de envidia -otra vez- por el talento y la creatividad de los del Departamento de Arte o Diseño de esas editoriales, en comparación con el de las españolas y latinoamericanas. Esta portada es una muestra de cómo la creatividad no necesita ser demasiado sofisticada y prueba que un buen diseñador no tiene por qué ser un mago del software. El dibujo de la bicicleta averiada es obvio en una primera impresión (la novela trata de un accidente ciclístico). Pero en en una segunda impresión descubrimos que, más que una bicicleta accidentada, ésta es una bicicleta normal a la que le falta, le han borrado, una rueda. La sutileza de esa rueda ausente anuncia muy bien esta vida que se acaba, que va desapareciendo poco a poco, o lentamente, como sugiere el título de la novela -y también el gran detalle de las letras que van evaporándose en la carátula-. ¿Qué tan lejos, o qué tan rápido, puede ir un hombre cuya vida es una bicicleta a la que le falta una rueda? Ahí está el motivo del libro, y el espléndido acierto de esta portada aparentemente sencilla, pero en realidad muy aguda y compleja.

TYSON

Necrofilia

¡Qué extraña obsesión tienen los editores con la muerte! Casi todas las carátulas de Memoria de mis putas tristes muestran una típica escena de "tránsito"; aparece, adentrándose en un túnel de luz blanca, la espalda de un viejito vestido también de blanco que se retira lentamente hacia los pozos de la memoria, o quizá hacia la otra vida. ¿Tanto lo queremos a García Márquez? En todo caso, el mensaje es que debemos comprar sus libros antes de que se nos vaya, ¿y qué mejor argumento que exhibirlo yéndose? Un detalle macabro: la pierna derecha del viejito está levantada, y su pie en movimiento. ¡Hay que apresurarse, de lo contrario nos gana!

pd: para otro remake de Kawabata, ver el cuento El avión de la bella durmiente incluido en Doce cuentos peregrinos, y salud, bella.

LUDO

Enlaces

Los que hacemos ¡Basta de Carátulas! agradecemos los enlaces y menciones a nuestra página que han hecho algunos bloggers en sus bitácoras durante el pasado mes. Queríamos comentar algunos de esos enlaces. El tan generoso de Alberto Chimal, en su blog Ánima Dispersa, por ejemplo, que ha recibido varios comentarios positivos incluyendo uno de Omegar que define nuestro blog como "El paso contrario a juzgar el libro por la portada: juzgar la portada por el libro". Estupenda definición, de eso precisamente se trata este blog. También queríamos mencionar el enlace de Cuchitril literario, quien además de recomendarnos a sus lectores nos conduce a este enlace donde aparece una vorágine de carátulas de Philiph Dick. A ver si alguien de por aquí se anima a comentarlas sin temor a quedar sepultado. Y finalmente, la mención en esta bitácora cuyo autor desconocemos pero que nos conduce -oh sorpresa- a algunas bitácoras que también comentan carátulas, en especial una página muy parecida a la nuestra (en inglés) que tiene carátulas realmente geniales.

Junkie


A otras, simplemente hay que compadecerlas.
(Jm)

Cheever

Algunas carátulas caen bien.
(JM)

Alarcón: boom en la penumbra

Seguramente han visto el libro en alguna librería limeña, no se trata de una edición peruana sino de una edición "para latinoamérica" del primer cuentario (término horrible y preciso) de Daniel Alarcón, joven escritor peruano criado entre Lima y Estados Unidos que escribe en inglés pero acerca de "nuestra realidad", con toda la carga sociopolítica que semejante afirmación conlleva, y desde una posición de semi-outsider itinerante que despierta interesantes preguntas para los académicos de la literatura preocupados por la cultura. El título original del libro es War by candlelight, que en castellano sería algo así como Guerra a la luz de las velas pero ha sido traducido como Guerra en la penumbra, una fórmula acertada aunque carente de la belleza y complejidad del nombre primero. Los cuentos de Alarcón harían la delicia de los sociólogos por los temas que toca, por su deliberado tratamiento de una problemática urbana que está ausente en los textos de la llamada "nueva narrativa peruana", más cercana a la construcción subjetiva de mundos herméticos y asentados en una concepción del escritor como artista de la palabra; sin embargo, estos cuentos son mucho más que eso pues reúnen las virtudes de la prosa bien escrita y el manejo exitoso del ritmo narrativo. La carátula es excelente, no solo por sus méritos gráficos sino porque adelanta una lectura del contenido. Lean el libro y después nos dicen.

LUDO

Hablador

Hablando de Alfaguara y sus recientes movidas, ¿por qué la excelente novela El hablador de Mario Vargas Llosa, de acuerdo con esa tendencia a etiquetarla como novela menor (quizá por tener pocas páginas, no veo otro motivo más serio), ha sido incluida en este florilegio llamado Narrativa Breve junto a Los jefes y Los cachorros, como si fuera un cuento o un relato largo? ¿Acaso no merecía aparecer solita, con su propia carátula y todo, como apareció por primera vez en la edición de Seix Barral con la pintura de Rousseau, esta que en la imagen casi no se ve de pequeña y olvidada? En esa edición del 87 la elección de la imagen me parece acertadísima por la presencia del ojo occidental en la definición de lo machiguenga, como ocurre también en la novela con la invención del hablador y su alucinante discurso plagado de mitos aparentes. En el libro de Alfaguara está la foto de un Vargas Llosa joven, sonriente y todavía fumador (ni asomo del futuro jogger empedernido), decisión editorial que responderá a sus razones, pero que no elimina la cuota de nostalgia. En cuanto a la edición de Seix Barral, solo puedo decir que la extraño porque la que alguna vez tuve fue rematada a mal precio o sustraída sigilosamente de mi biblioteca, ya no me acuerdo. La he buscado en ferias del libro viejo sin poder encontrarla.

Esta tarde, derrotado por las imposiciones del mundo editorial, bajé los brazos de esteta agitador y compré la nueva edición de Alfaguara. Qué hacer, si nos sabotean.

LUDO

Visitadoras

Es muy divertida la anécdota que ocurrió con esta edición de la novela de Mario Vargas Llosa Pantaleón y las visitadoras, editada por Alfaguara. Cuando Alfaguara compró los derechos de todas las obras de Vargas Llosa -en una de las más comentadas jugadas comerciales del mundo editorial español-, empezó a publicar la Biblioteca Vargas Llosa, reeditando títulos que no existían en librerías y en versiones definitivas. Publicó, por ejemplo, un tomo dedicado al teatro de Vargas Llosa, con un enorme hipopótamo en la portada -en alusión a Kathy y el hipopótamo sin duda-, extraña carátula que estoy seguro que le encantó al autor (que tiene a este animal como fetiche). También se publicó una reedición de la novela Pantaleón y las visitadoras. En esta edición, la carátula mostraba a un grupo de mujeres -jóvenes y no tan jóvenes-, voluptuosas (por no decir gordas en algunos casos), en bikini de los años 70, con rasgos que muy bien podrían representar a las mujeres de Iquitos. La mancha de chicas hacía un gesto coqueto -un pase de can-can-, más juguetón que seductor. La verdad es que la carátula era perfecta para la novela que es también juguetona más que sensual, divertida, calurosa, cuyas protagonistas son estas "visitadoras" (prostitutas selváticas según la terminología militar/arrecha de Pantaleón) y que ocurre en la selva peruana. Hasta ahí todo bien. Pero luego de unos años, el sobrino de alguna de las protagonistas (involuntarias) de la carátula vio en una librería de EEUU un ejemplar de la novela y, como gracia, se lo mandó a la tía. ¡La que se armó! Resulta que esa foto no fue cedida por nadie, sino que al parecer un fotógrafo europeo la copió de la original, que estaba colgada de un restaurante de Iquitos según una versión que oí en televisión. Luego, seguro los diseñadores vieron el book del fotógrafo y encontraron la foto aquella y él, pensando en no sé qué, la cedió sin fijarse en el lío que se armaba. Claro, algunas de las aludidas -que ya no viven en Perú, viajaron en los 80 a EEUU- vieron aquí la oportunidad de ganar algún dinero, sobre todo porque en la novela se alude a prostíbulo y la foto "puede prestarse a confusiones". No se trataba de un lío de derecho de autor, pues, sino de "injuria". La editorial quiso arreglar con ellas en numerosas ocasiones, demostrando con eso que no fue hecho a drede, pero según tengo entendido no se llegó a un acuerdo (me imagino a estas mujeres asesoradas por abogados angurrientos). Creo que la carátula ya ha sido retirada (si ven algun ejemplar en venta, aunque sea en la edición de bolsillo, cómprenlo que valdrá algo en unos años) y no sé cómo va judicialmente el lío, pero me imagino que al final no pasó nada. Pero la anécdota vale.

PD: por cierto, creo que en el futuro absolutamente todas las carátulas de Pantaleón y las visitadoras deberían tener a Angie Cepeda, protagonista de la versión fílmica, en primer plano. Ese libro lo tendría en mi mesa de centro, o de noche cuando estoy solo, no en el librero.

TYSON